Manifiesto
Manolín… al aparato, ¿dígame?
Empezamos este proyecto cansados. Cansados de tener doce aplicaciones abiertas para hacer una cosa simple. Cansados de pedirle a la nube que nos resuelva la vida y que la nube nos devolviera notificaciones.
Queríamos un asistente que entendiera. No uno que respondiera con frases bonitas. Uno que hiciera cosas. Que moviera la reunión. Que apuntara la serie del gimnasio. Que recordara que mi hijo se llama Lucas y que odia el cilantro.
Le pusimos Manolín porque queríamos algo cercano. Algo que no sonara a Silicon Valley. Algo que pudieras llamar a voces desde la cocina, igual que se llamaba antes a casa cuando sonaba el teléfono fijo: “Manolín, ¿estás ahí?”.
Nos comprometemos a tres cosas, y no son negociables:
Tu información es tuya.
No los vendemos. No los compartimos con anunciantes. Todo lo que le cuentas a Manolín viaja y se guarda cifrado, en servidores de la Unión Europea, protegido tras tu cuenta. Si un día decides irte, te llevas todo y aquí no queda rastro. Creemos que la intimidad digital es un derecho, no una opción premium.
Software que dura.
Sin modas, sin redibujar la interfaz cada seis meses, sin romper lo que funciona. Lo que aprendes hoy te sirve dentro de tres años.
No te robamos atención.
Manolín no compite con TikTok por tus minutos. Está cuando le llamas. Se calla cuando no. Esa es toda la magia.
Si todo esto te suena bien, ven. Si no, también está bien — hay vida más allá de los asistentes.
— El equipo de Manolín, hecho en España con cariño.